Astrofotografía en Monóvar

El viernes 24 de febrero, dado el buen tiempo que hizo durante los últimos días de la semana y las ganas que había de hacer alguna fotografía, fuimos a Monóvar a montar el equipo con la esperanza de que la noche acompañara como lo había hecho las noches previas. El plan constaba en montar cuatro equipos, dos para astrofotografía y dos para hacer visual mientras los otros dos trabajaban. La noche empezó con un tiempo muy bueno, aunque era evidente que la contaminación lumínica hacía cada vez más mella en la zona. Quedan ya lejos las noches invernales en las que se podía distinguir con facilidad la Vía Láctea en la zona de Orión desde el mismo lugar de observación. En primer lugar, se montó el Newton de 10″ de uno de nuestros socios con el fin de fotografiar M95 en la constelación de Leo, todo seguido de una copiosa cena para coger calorías que nos harían falta para poder aguantar las bajas temperaturas que íbamos a tener que soportar. Mientras se ponía a punto el Newton de 10″ otros se encargaron de instalar otro telescopio para fotografía, un refractor de 80mm con el fin de fotografiar la Nebulosa de Orión, pero por problemas técnicos con la cámara no se pudo hacer, así que nos centramos en el Newton de 10″ y en hacer visual con unos buenos prismáticos y otro Newton de 114mm de abertura que trajo nuestro compañero Pedro con la intención de probar y ver el partido que se le podía sacar a dicho tubo.

Una vez todo listo, comenzó la tanda de fotografías a la galaxia M95 una preciosa galaxia espiral barrada que se puede apreciar con telescopios modestos, aunque como siempre un cielo oscuro se hace imprescindible para discernirla con claridad a través del ocular. Al principio de la sesión hubieron algunos problemas de guiado pero con un poco de paciencia se fueron arreglando, el resultado al final fue bueno aunque no tanto como se esperaba por los problemas de guiado que comentaba antes, ya que nos tuvimos que conformar con hacer tomas de 30 segundos de las cuales pudimos apilar unas 200.

M95 es una peculiar galaxia de tipo espiral barrada con un característico anillo alrededor del núcleo en el que los científicos creen que hay un intenso nivel de formación estelar. El núcleo de la galaxia es visible con telescopios pequeños desde lugares oscuros como una manchita nebulosa, aunque un telescopio mayor será de gran ayuda para verla bien.

 El seeing (nombre que se usa para catalogar y medir la turbulencia atmosférica) era regular tirando a bueno y no había humedad. Con el Newton de 114mm pudimos ver Júpiter, Marte, Saturno aunque todavía estaba bajo, M42, M41 y algún que otro objeto más. La nota divertida de la noche fueron las pruebas que hicimos de fotografiarnos a nosotros mismos a oscuras en fotos de larga exposición en la que pudimos echar unas buenas risas.

La observación más fría del año

Y con el mercurio marcando bajo cero, el CIDAM se atrevió a investigar los cielos en su lugar habitual de observación en el que, por cierto, contamos con una maravillosa visibilidad de la bóveda celeste. Una de las noches más limpias que recuerdo.

Entre los objetivos de nuestros telescopios se encontraban objetos como M42M1M51M41, M47…, los planetas Venus, mostrándose en fase menguante, Júpiter, en el que distinguimos sus cinturones de nubes y sus cuatro mayores lunas (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto), o Marte, en el que algunos afortunados pudieron distinguir el casquete polar. A continuación pasamos a describir algunas nebulosas y galaxias de las que disfrutamos en la salidas. Esperamos que os sea de ayuda.

M42

M42 al sur del cinturón, entre el grupo de estrellas inferior.

M42, la Nebulosa de Orión se sitúa en la constelación de Orión, al sur del cinturón de Orión. Es una de las nebulosas más brillantes que existen, y por tanto, una de las pocas identificables a simple vista con una magnitud 4 en el cielo nocturno. Esto se debe a que está situada “delante” de una estrella múltiple, sigma-Orionis, aparte de ser iluminada por las estrellas jóvenes del cúmulo abierto del Trapecio. Os invitamos a que identifiquéis M42, ya que con unos prismáticos simples puede verse una mancha difusa bastante identificable.

M42 o Gran Nebulosa de Orión.

Se distancia de la Tierra alrededor de 1500-1600 años luz y comprende una extensión de 24 años luz, en los que engloba la Nebulosa de De Mairan (M43) y la Nebulosa Cabeza de Caballo, además de un cúmulo abierto y cuatro estrellas principales, dos de ellas binarias (dobles).

 

 

M1

M1 cercana a la constelación de Tauro, al norte de la constelación de Orión.

También llamada Nebulosa del CangrejoM1 lo conforman restos de la explosión de una supernova allá por 1054, año en el que los habitantes de la Tierra distinguieron un fuerte luz en el firmamento incluso durante el día a lo largo de casi dos años. Se localiza en al norte de uno de los cuernos de la constelación de Tauro.

M1 contiene en su zona central un púlsar que gira a 30 revoluciones por segundo. El descubrimiento de esta nebulosa arrojó luz sobre la evidencia de que las estrellas de neutrones se producen por la explosión de supernovas.

Púlsar de la Nebulosa del Cangrejo. Imagen obtenida de la combinación de imágenes del Hubble (rojo) y el Telescopio Chandra en rayos X (azul). Fuente: Wikipedia.

M51

También conocida como la Galaxia Remolino, es una galaxia espiral en la constelación de los Perros de Caza (Canes Venatici). Se sitúa cerca de la primera estrella del mango de la Osa Mayor, a 3 grados al sur-sudoeste de Alkaid. Destaca por la belleza de su estructura espiral aparte de ser un magnífico ejemplo de interacción entre galaxias, donde M51 “desgarra” a NGC 5195, que se ve modificada por el tirón gravitatorio al igual que M51.

NGC 5195 (superior) y M51 (inferior).

Hasta aquí algunas de las constelaciones, nebulosas o galaxias que pudimos observar y las que os aconsejamos buscar en el cielo, porque están allí, esperándoos.

 

Alcor y Mizar, un sistema sextuple

Creo que todos hemos identificado alguna vez la Osa Mayor en la bóveda celeste aún cuando nuestros conocimientos dejaran mucho que desear. El Carro (Cucharón para los ingleses) que solemos localizar en nuestro firmamento es un asterismo (una figura que no se ha reconocido oficialmente) constituido por las estrellas más brillantes de la Osa Mayor que representan la cola de la osa. Se compone de siete estrellas principales: Alkaid, Mizar, Alioth, Megrez, Dubhe, Merak y Phecda.  La Osa Mayor es la constelación más fácil de identificar en el hemisferio Norte y permanece durante todo el año (circumpolar). Con unas nociones básicas partiendo de El Carro, podemos hallar la Estrella Polar fácilmente, muy útil cuando el GPS te indique que vayas al norte en una oscura noche (caso real el del GPS indicando al norte).

El Carro destacado en la Osa Mayor.

Mizar es  la segunda estrella empezando por el final de la cola. Si se tiene una buena vista y a modo de ejercicio de agudeza visual, se es capaz distinguir una pequeña acompañante al lado llamada Alcor. Mizar y Alcor están separadas unos 3 años luz de distancia, lo que equivale a unos 2,840184*10^13 km; si comparamos, la distancia de nuestro sol a la estrella más cercana (Alfa-Centauri) es de 4 años luz. Mizar y Alcor se mueven juntas y dentro del conjunto de la Osa Mayor. Esto se denomina sistema estelar binario y se produce cuando las dos estrellas se mantienen unidas por una fuerza gravitatoria y giran en torno a un centro común. Sin embargo, durante mucho tiempo se consideró que no era un auténtico sistema binario, sino una simple estrella doble hasta que en 2009 un estudio de Eric Mamajek corroboró la teoría. Ahora bien, el sistema Mizar-Alcor se considera sextuple, considerándose como binario la existencia de un complejo A  y otro B que forman Alcor, unidos al complejo cuádruple Mizar. Por tanto, tenemos 6 estrellas nada más y nada menos relacionadas por un campo gravitatorio común y en continuo movimiento a su vez en el grupo de la Osa Mayor. Según el estudio se sugirió que están a una distancia de 74000 +- 39000 unidades astronómicas (una UA es la distancia del Sol a la Tierra, unos 149.597.870 km), más cerca de lo pensado en un principio.

Mizar y Alcor, observable con una buena vista. La estrella superior es Sidus Ludoviciana.

Ahora ya sabréis que cuando miréis a esa segunda estrella del mango del Cucharón, en realidad serán dos, que en realidad serán seis.

Colisión en Júpiter

Estas semanas, el planeta Júpiter destaca brillante en el cielo de medianoche. Estos días se encuentra cerca de su oposición, que ocurrió el pasado 14 de agosto. Cuando esto sucede, el Sol, la Tierra y el planeta se encuentran alineados, y por tanto éste se encuentra en la posición más cercana del año, creando una ocasión muy propicia para su observación.

Además, la oposición de este año coincide con otro evento interesante: Júpiter pasó por el equinoccio el 22 de junio, lo que significa que su plano ecuatorial apuntó directamente al Sol, con nosotros en medio. Así, desde la Tierra puede verse con telescopio no sólo cómo las cuatro lunas galileanas (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto) pasan justo por delante de Júpiter y proyectan su sombra sobre él, sino también cómo éstas se eclipsan entre ellas. Ni qué decir tiene que astrónomos aficionados de todo el mundo aprovechan para observar y fotografiar al gigante gaseoso en estos momentos tan favorables.

Esto es lo que hacía el australiano Anthony Wesley el 19 de julio cuando descubrió una mancha oscura la mitad de grande que la Tierra cerca del polo sur joviano. No era una sombra ni una tormenta, y no estaba ahí el día anterior. ¿Podía tratarse de un impacto? Rápidamente avisó a otros aficionados y uno de ellos también lo vio. Unas 20 horas tras el descubrimiento, el observatorio de Hawaii, que observaba el planeta, confirmó que se trataba de algo nuevo en sus capas superiores, y confirmó que algo había impactado. La noticia se propagó rápidamente, siendo comparada con el impacto que sufrió el planeta justo 15 años antes, cuando los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 colisionaron contra él dejando enormes marcas oscuras y causando una gran conmoción. En los días siguientes al evento actual otros observatorios obtuvieron más datos de la nube de restos, e incluso se interrumpió la calibración del nuevo equipo del telescopio espacial Hubble para poder obtener imágenes del suceso. El asteroide que chocó medía sólo unos cientos de metros pero liberó una energía de decenas de miles de megatones.

Los aficionados jugaron un papel importante en el descubrimiento y seguimiento de esta marca en Júpiter, y es que la astronomía es un campo donde sin ser profesional se puede ser de mucha ayuda. Y eventos como éste son parte de la motivación de miles de personas para observar el cielo cada noche. Muchas veces depara sorpresas.

Telescopio espacial Hubble

El pasado 11 de Mayo, siete astronautas despegaron a bordo de la lanzadera espacial Atlantis en la que sería la quinta y última misión de servicio al Telescopio Espacial Hubble. Quizás el observatorio astronómico más conocido en todo el mundo, este telescopio ha desvelado innumerables misterios y planteado nuevas preguntas sobre el Universo durante los diecinueve años que lleva en el espacio. Lanzado en 1990, ha llegado hasta nuestros días tomando espectaculares imágenes tanto de los planetas y cuerpos vecinos de nuestro Sistema Solar, como de los más lejanos confines del Universo, pasando por impresionantes galaxias y todo tipo de nebulosas.

Pese a que el diámetro de su espejo primario de 2,4 metros es algo modesto comparado con algunos telescopios terrestres, su posición privilegiada por encima de la mayor parte de la atmósfera hace que su visión de los astros no se vea dificultada por las turbulencias presentes en ella, y además le permite también observar en el infrarrojo o el ultravioleta, tipos de luz que aportan datos de interés científico pero que nuestra atmósfera prácticamente no deja pasar.


A 560 km de altura (dando una órbita cada 96 minutos), el telescopio está lo suficientemente cercano a la superficie para que los transbordadores espaciales puedan llegar hasta él. Y es que el Hubble fue diseñado para ser reparado y actualizado periódicamente usando estas naves. Ello ha permitido alargar su vida útil sustituyendo componentes estropeados, así como instalarle otros nuevos para no sólo evitar que quede obsoleto, sino mejorar sus capacidades para que al avanzar la tecnología se vuelva una herramienta aún más eficaz para explorar el Cosmos. Y esto es lo que se ha hecho en esta última misión: además de sustituir todos los giroscopios, baterías y otros sistemas, se instalaron nuevas cámaras y se repararon otras, aumentando su potencia a niveles nunca vistos durante toda su misión.

Nuevos descubrimientos, como discos de material formando planetas en torno a estrellas en la nebulosa de Orión, la existencia de agujeros negros en el centro de casi toda galaxia y supernovas que indican que la expansión del universo se está acelerando sin razón conocida son sólo algunos de los hallazgos de este telescopio, que seguirá maravillando a astrónomos y no astrónomos en los próximos años, hasta que sus sistemas fallen o el rozamiento con la atmósfera propicie su caída a la Tierra, destruyendo para siempre esta maravilla tecnológica, que dejará un legado imposible de olvidar.

Venus, el lucero del alba

O también conocido como el “Lucero Vespertino”, es decir, la estrella de la tarde o la estrella de la mañana (el alba)… pero ¿nunca se ha preguntado el porqué de este nombre? Pues Venus, que no es una estrella sino un planeta, recibe esta denominación porque siempre luce acompañando al sol cuando éste se oculta o bien cuando el Sol sale al amanecer. Por tanto siempre lo observaremos en el camino o línea imaginaria que traza el astro rey en su recorrido diario de E a O pero situado inmediatamente detrás de él, durante el ocaso o por delante, durante el amanecer. ¿La causa? que la órbita de Venus está situada entre el Sol y la Tierra. Así, al estar más cerca del Sol que nuestro planeta, si queremos observarlo tenemos que dirigir la mirada hacia el entorno de nuestra estrella.

Venus recibe su nombre en honor a la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad. Es todo él un planeta muy femenino dado que todos (menos uno) los accidentes geográficos de su superficie rocosa reciben nombre de mujeres históricas o míticas.

Pero lejos de hacer honor a su nombre, que relacionamos con el paradigma ideal de la belleza femenina y símbolo de la atracción sexual, este planeta presenta un ambiente hostil: la temperatura roza los 500 grados debido a un potente efecto invernadero, sus nubes están compuestas por ácido sulfúrico y dióxido de azufre. La presión en su superficie alcanza las 90 atmósferas terrestres, similar a la que notaríamos si estuviésemos a 900 metros bajo el mar. Los huracanes más violentos de la Tierra son insignificantes comparados con los que se dan en las capas altas de la atmósfera venusiana (más correctamente “venérea”), sin embargo, en las capas inferiores el aire es tan denso que casi no se movería ni una leve brisa.

Y un elemento más que lo hace singular… gira al revés. Todos los planetas lo hacen de Oeste a Este. Venus lo hace en sentido contrario por lo que, si nos encontráramos en su superficie, veríamos el Sol salir por el Oeste y ponerse por el Este durante el día venusiano que dura, por cierto, 8 meses.

Obsérvelo durante estas noches de invierno, alto sobre el horizonte Oeste, al atardecer, luminoso como ningún astro de la noche, tan hermoso en nuestro cielo y a la vez tan imposible para el ser humano. Venus.

Curso iniciación a la astronomía UMH de Elx

CURSO DE FIN DE SEMANA. CLASE TEÓRICA 2 HRS. + PRÁCTICA DE OBSERVACIÓN 6 HRS.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS: RUTA SENDERISTA GUIADA Y VISITA A BODEGA.

LUGAR: HONDÓN DE LAS NIEVES Y SIERRA DE CREVILLENTE.

Los asistentes a este curso aprendieron orientarse bajo el cielo estrellado a simple vista, a reconocer las constelaciones principales, a diferenciar planetas y estrellas, a utilizar las estrellas como guía para localizar objetos dentro y fuera de nuestra galaxia. Igualmente cómo utilizar instrumentos ópticos como telescopios y prismáticos para estudiar planetas, cúmulos de estrellas, nebulosas y galaxias.

Estuvo dividido en una parte teórica en aula y una práctica al aire libre. El enfoque del curso fue eminentemente práctico pero antes de empezar a escudriñar el cielo es conveniente tener unas nociones de la naturaleza de los objetos que posteriormente se iban a observar lo que se logró mediante el trabajo previo en el aula.

Como complemento se incluyó una visita cultural a las bodegas Cerdá de Hondón de las Nieves y una ruta senderista guiada por un experto en la zona por la Sierra de Crevillente.

Júpiter, el señor de los vientos

¿Se ha fijado en dos astros muy brillantes al atardecer que lucen hacia el Oeste bastante juntos? Son Júpiter y Venus. Durante estos días de final de noviembre y principios de diciembre podemos contemplarlos poniéndose por el horizonte, siguiendo al Sol. Este mes hablaremos de Júpiter, ya que no lo veremos de nuevo hasta el próximo agosto.

Júpiter es el mayor planeta del Sistema Solar. Su masa es dos veces y media la de todos los demás planetas juntos y dentro cabrían 1320 planetas como la Tierra. Su temperatura media es de -108ºC.

Este gigante posee un pequeño núcleo sólido mezcla de varios elementos bajo una inmensa bola de hidrógeno líquido y todo ello rodeado de gas hidrógeno y helio.

El año en Júpiter dura 12 años terrestres y un día en Júpiter dura menos de 10h. Está permanentemente cubierto de nubes formadas por compuestos de amoníaco, que se organizan en bandas de diferente latitud debido a la rápida rotación del planeta. Éstas se subdividen en zonas claras y cinturones más oscuros, cuya mutua interacción produce turbulencias y tormentas. Son comunes los vientos de más de 300 km/h en estas zonas, que además cambian ligeramente de color, anchura e intensidad de año a año.

Quizás la más famosa característica del planeta sea la “gran mancha roja”, que consiste en una tormenta anticiclónica que perdura desde hace varios siglos y podría ser permanente dada su estabilidad. Rota en sentido antihorario, en un período de unos seis días y su tamaño es tan grande como el de tres planetas como la Tierra.

Con al menos 63 satélites, Júpiter es como un sistema solar en miniatura. Aunque muchos de ellos tienen menos de 10 km y son posiblemente asteroides capturados, cuatro de sus lunas destacan sobre las demás: los satélites galileanos. Éstos son Ío, el cuerpo más volcánico del sistema solar, con constantes erupciones de azufre; Europa, cubierta de hielo y con un océano de agua bajo su superficie; Ganímedes, la luna joviana más grande, mayor incluso que Mercurio; y Calisto, uno de los cuerpos con más cráteres conocido. Estas dos últimas lunas también podrían contener océanos de agua salada en su interior.

Júpiter también posee un tenue sistema de anillos y un campo magnético 14 veces más fuerte que el terrestre. Si pudiera verse desde la Tierra, ocuparía un tamaño en el cielo equivalente al de la Luna llena. Al igual que en la Tierra, el viento solar al chocar con la magnetosfera de Júpiter provoca auroras en los polos del planeta.