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Curiosity ha llegado (sano y salvo)

Aunque un poco tarde (y más tranquilo) puedo decir por fin que el Curiosity ha llegado a Marte sano y salvo y parece que con sus diez instrumentos funcionando normalmente. No solo ha tenido que sobrevivir al lanzamiento y al viaje interplanetario, sino a los dramáticos (y peliculeros) siete minutos de terror.

Los siete minutos de terror (vídeo subtitulado al castellano)

El aterrizaje no solo ha sido perfecto en cuanto al funcionamiento de todas sus fases desde el descenso hasta la maniobra de skycrane, sino que de nuevo, algunas de las imágenes que se han tomado de este van a pasar a los libros de historia de la exploración espacial.

El MSL descendiendo en paracaídas hacia el interior del cráter Gale visto por la HiRISE. NASA/JPL/University of Arizona.

El MSL descendiendo en paracaídas hacia el interior del cráter Gale visto por la HiRISE. NASA/JPL/University of Arizona.

Posado sobre una zona increíblemente llana del cráter Gale (la máxima inclinación de uno de sus ejes rondaba los 3º), ya ha observado un paisaje dominado a un lado por Aeolis Mons (también llamado “Monte Sharp” por algunos científicos, pero esta nomenclatura no es oficial)  y el campo de dunas de arena oscura que lo bordea, y a otro, por una llanura cubierta de rocas de tamaño muy parecido.

Imagen tomada por la Hazcam delantera en la que se ve Aeolis Mons y delante, en color más oscuro, el campo de dunas que lo rodea. NASA/JPL-Caltech.

Imagen tomada por la Hazcam delantera en la que se ve Aeolis Mons y delante, en color más oscuro, el campo de dunas que lo rodea. NASA/JPL-Caltech.

Esta mañana nos despertábamos con la primera imagen en color tomada por la cámara MAHLI, la cámara que va a servir de lupa de mano a la misión para poder observar las rocas y la arena más de cerca. Es capaz de enfocar desde los 2 centímetros hasta el infinito, y de hecho esa capacidad le ha permitido hoy mostrarnos su primera imagen a todo color de la superficie. En esta podemos ver la llanura que le separa del borde del cráter, al fondo. La imagen aparece parcialmente oscurecida por el velo de polvo que cubre el protector de la lente, que al menos estará colocado una semana más, mientras se hacen las pruebas pertinentes al rover.

La primera imagen tomada por MAHLI. Se observa al fondo el borde del cráter, y en primer plano una llanura de rocas de tamaño muy homogéneo. NASA/JPL-Caltech/Malin Space Science Systems.

La primera imagen tomada por MAHLI. Se observa al fondo el borde del cráter, y en primer plano una llanura de rocas de tamaño muy homogéneo. NASA/JPL-Caltech/Malin Space Science Systems.

Y con esta imagen, y recordándoos que hoy a las 19:00 hora española hay una nueva rueda de prensa que podéis seguir a través de la NASA TV, me despido hasta la próxima.

Foto al Sol, región activa 1520

Estamos en máximo de actividad solar, ya sabéis, ese ciclo de 11 años aproximadamente en el que el Sol pasa de una relativa calma a una fiesta casi continua de manchas y demás fenómenos en su superficie. Estos días tenemos la región activa 1520 y está incluso “escupiendo” material hacia La Tierra.

Ayer me dispuse a realizar alguna fotografía “rapidita”, y probar que tal saldría la toma con la Canon 550D + Objetivo 400mm (que con esta cámara equivale a un 640mm), y un filtro solar plateado de los que se usan para ver manchas y eclipses, y un trípode robusto.

Esta configuración no es la perfecta para realizar este tipo de fotos. El trípode es de los buenos, pero sigue siendo poco estable para apuntar y trabajar a tantos aumentos queriendo enfocar manualmente con buen detalle esa manchita que ocupaba una parte minúscula de la pantalla de la cámara. Para compensar las vibraciones, disparé las fotos a ISO800 y lo más rápido que me permitía, 1/4000 de segundo.

Pincha en la foto para ver un poco más de detalle

¿Por qué el Curiosity aterrizará en el cráter Gale?

El próximo mes de Agosto amartizará el Mars Science Laboratory, o Curiosity, sobre la superficie de Marte. Más concretamente, el lugar elegido es el cráter Gale, un cráter de impacto de unos 150 kilómetros de diámetro localizado en Elysium Planitia, la segunda región más volcánica de Marte.

Elipse de aterrizaje de la MSL. En esa zona se pueden observar canales fluyendo al interior del cráter, dunas, estratos e incluso un abanico aluvial. NASA/JPL/UA.

Elipse de aterrizaje de la MSL. En esa zona se pueden observar canales fluyendo al interior del cráter, dunas, estratos e incluso un abanico aluvial. NASA/JPL/UA.

Uno de los aspectos científicos más importantes de este lugar es que en su interior se pueden ver estratos, seguramente de origen sedimentario, así como un delta y canales que sugieren la existencia de un pasado relativamente acuoso de Marte, junto con minerales del grupo de las arcillas y sulfatos, que muy probablemente se depositaron en un medio en el que había agua.

Dunas oscuras compuestas por granos de olivino y piroxenos. NASA/JPL/University of Arizona.

Dunas oscuras compuestas por granos de olivino y piroxenos. NASA/JPL/University of Arizona.

Sobre el fondo del cráter se pueden observar unas dunas de colores oscuros cuyos granos están formados principalmente por minerales de rocas ígneas, como el olivino y los piroxenos.

Estructuras downlap en los estratos del cráter Gale. Seguramente sean el registro estratigráfico de la progradación de un cuerpo de sedimentos en el interior de una masa de agua. Dawn Y. Sumner/NASA/JPL/University of Arizona

Estructuras downlap en los estratos del cráter Gale. Seguramente sean el registro estratigráfico de la progradación de un cuerpo de sedimentos en el interior de una masa de agua. Dawn Y. Sumner/NASA/JPL/University of Arizona

El cráter tiene en su centro un enorme pico central (de unos 5 kilómetros de altura con respecto a su fondo) y que parece estar formado de material sedimentario… ¿Cómo puede haber ocurrido esto?. Pues resumiendo de una manera sencilla, en algún momento el cráter pudo haberse llenado por completo de sedimentos y con el paso del tiempo estos haberse ido erosionando poco a poco hasta dejar la topografía que vemos en la actualidad. La erosión es un proceso que ha seguido activo en Marte, aunque principalmente hoy solo funciona la eólica salvo en algunos lugares muy puntuales donde existe algo de erosión por pequeñas surgencias de agua líquida y, evidentemente, en las zonas donde hay hielo en la actualidad.

 

Estratificación visible a escala de la HiRISE. NASA/JPL/University of Arizona
Estratificación visible a escala de la HiRISE. NASA/JPL/University of Arizona

Se ha calculado que a lo largo del recorrido, y debido al alto grado de erosión de los materiales del interior del cráter, el rover podrá estudiar 1000 metros de espesor de sedimentos durante su misión y que van a resultar claves para intentar comprender un poco mejor el puzzle del clima y evolución de Marte.

Colisión en Júpiter

Estas semanas, el planeta Júpiter destaca brillante en el cielo de medianoche. Estos días se encuentra cerca de su oposición, que ocurrió el pasado 14 de agosto. Cuando esto sucede, el Sol, la Tierra y el planeta se encuentran alineados, y por tanto éste se encuentra en la posición más cercana del año, creando una ocasión muy propicia para su observación.

Además, la oposición de este año coincide con otro evento interesante: Júpiter pasó por el equinoccio el 22 de junio, lo que significa que su plano ecuatorial apuntó directamente al Sol, con nosotros en medio. Así, desde la Tierra puede verse con telescopio no sólo cómo las cuatro lunas galileanas (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto) pasan justo por delante de Júpiter y proyectan su sombra sobre él, sino también cómo éstas se eclipsan entre ellas. Ni qué decir tiene que astrónomos aficionados de todo el mundo aprovechan para observar y fotografiar al gigante gaseoso en estos momentos tan favorables.

Esto es lo que hacía el australiano Anthony Wesley el 19 de julio cuando descubrió una mancha oscura la mitad de grande que la Tierra cerca del polo sur joviano. No era una sombra ni una tormenta, y no estaba ahí el día anterior. ¿Podía tratarse de un impacto? Rápidamente avisó a otros aficionados y uno de ellos también lo vio. Unas 20 horas tras el descubrimiento, el observatorio de Hawaii, que observaba el planeta, confirmó que se trataba de algo nuevo en sus capas superiores, y confirmó que algo había impactado. La noticia se propagó rápidamente, siendo comparada con el impacto que sufrió el planeta justo 15 años antes, cuando los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 colisionaron contra él dejando enormes marcas oscuras y causando una gran conmoción. En los días siguientes al evento actual otros observatorios obtuvieron más datos de la nube de restos, e incluso se interrumpió la calibración del nuevo equipo del telescopio espacial Hubble para poder obtener imágenes del suceso. El asteroide que chocó medía sólo unos cientos de metros pero liberó una energía de decenas de miles de megatones.

Los aficionados jugaron un papel importante en el descubrimiento y seguimiento de esta marca en Júpiter, y es que la astronomía es un campo donde sin ser profesional se puede ser de mucha ayuda. Y eventos como éste son parte de la motivación de miles de personas para observar el cielo cada noche. Muchas veces depara sorpresas.

Kepler, buscador de planetas

Desde 1995 se conoce con certeza la existencia de planetas orbitando en torno a estrellas distintas al Sol, los denominados planetas extrasolares o exoplanetas. Actualmente se han detectado más de 340 de estos cuerpos en más de 280 sistemas estelares, descubiertos por métodos que van desde el análisis de las oscilaciones que produce su gravedad en el movimiento de la estrella que orbitan, a la detección visual directa recientemente.

Uno de los métodos de detección consiste en medir la disminución de la luz que nos llega de la estrella en los casos en que el planeta pasa entre ésta y nosotros. Aunque requiere que el plano de la órbita esté orientado hacia nosotros y esto limita las posibilidades de detectarlos, la observación del tránsito de los planetas por delante de su estrella permite calcular su volumen o incluso características de sus atmósferas, por ejemplo. Lógicamente, cuanto más pequeño sea el planeta y más tiempo tarde en dar una órbita (pasa menos veces por delante de la estrella), más difícil será detectarlo así.

Por ello se lanzó la madrugada del pasado 7 de marzo la misión espacial Kepler de la NASA, un satélite artificial que orbitará al Sol cerca de la Tierra, y que se espera que encuentre numerosos exoplanetas con este último método. Su telescopio apuntará a una región del cielo próxima a la constelación del Cisne durante los tres años y medio que dure su misión analizando el brillo de unas 100.000 estrellas al mismo tiempo, lo que permitirá aumentar las probabilidades de encontrar no sólo más planetas, sino además aquellos que tengan períodos orbitales de unos pocos años, y que por tanto podrían estar en la zona habitable de su sistema solar.

Sin embargo uno de los objetivos de esta misión es algo más ambicioso: descubrir planetas como la Tierra, algo nunca conseguido hasta ahora. Su cámara de 95 megapíxeles será capaz de detectar la disminución de 84 partes por millón en el brillo de la estrella que provocaría el paso de un planeta como el nuestro. Además, detectaría tres tránsitos si éste se encontrase a una distancia parecida de la estrella, y por tanto en un entorno habitable si ésta es similar al Sol.

Todo ello encaminado a tratar de averiguar si podría existir vida en algún otro lugar del espacio, y responder la pregunta que tanto tiempo lleva haciéndose la humanidad: ¿estamos solos en el Universo?

Luna, no solo hay una

El hombre alzó la vista al cielo y encontró las estrellas errantes: los planetas. Apuntó por primera vez con un telescopio y descubrió que los planetas no estaban solos, algo los orbitaba: un toque de atención al orgullo humano.  ¿Acaso no era la tierra el centro del universo? Entonces salió fuera, a explorar los planetas, y descubrió que sus pequeños compañeros eran mundos en toda regla.

Pero empecemos desde el principio. Todo empezó hace 4600 millones de años, en un lugar de nuestra galaxia, se fue concentrando una gigantesca nube de gas y polvo. De ella surgió el Sol, nuestra estrella. Los restos de material de esta nube que no acabaron siendo engullidos por el Sol, formaron los planetas y orbitando en torno a muchos de estos planetas se formaron simultáneamente otros cuerpos menores a los que llamamos Lunas.

La mayor parte de las lunas nacieron junto a sus planetas, a partir del mismo disco de materia prima con que su anfitrión se iba formando. Sin embargo algunas tuvieron un origen diferente, por ejemplo Tritón, la luna más grande de Neptuno,  igual que varias de las lunas más pequeñas del sistema solar, son cuerpos capturados por la gravedad del planeta. La Luna terrestre tuvo una formación más ”impactante”: se creó a partir del material de la propia Tierra arrancado a ésta por la colisión de un objeto del tamaño de Marte durante las fases tempranas de su formación.

Al comienzo de la exploración espacial, se pensaba que serían mundos fríos, muertos y carentes de interés, pero los últimos descubrimientos demuestran todo lo contrario, son los lugares más exóticos del sistema solar. Mundos activos y dinámicos donde encontramos los volcanes más activos, los géiseres más altos, mundos helados, atmósferas tóxicas y turbulentas, los cráteres más profundos y, quizá, la vida.

Son más de 170 cuerpos y aún siendo más pequeños que el planeta al que orbitan, dos de ellos superan en tamaño a Mercurio y ocho son mayores que Plutón, compitiendo también en tamaño algunas con Marte. Nuestra luna es la 5ª más grande del sistema solar.

Todos los planetas menos dos (Venus y Mercurio), tienen satélites naturales. La Tierra tiene la Luna y Marte tiene dos. El resto de planetas, los llamados “gigantes gaseosos”, por carecer de superficie sólida, cuentan con numerosas lunas: Júpiter y Saturno son los que más lunas poseen, 63 y 60 respectivamente, luego más alejados del Sol están Urano y Neptuno con 27 y 13 lunas.

Venus, el lucero del alba

O también conocido como el “Lucero Vespertino”, es decir, la estrella de la tarde o la estrella de la mañana (el alba)… pero ¿nunca se ha preguntado el porqué de este nombre? Pues Venus, que no es una estrella sino un planeta, recibe esta denominación porque siempre luce acompañando al sol cuando éste se oculta o bien cuando el Sol sale al amanecer. Por tanto siempre lo observaremos en el camino o línea imaginaria que traza el astro rey en su recorrido diario de E a O pero situado inmediatamente detrás de él, durante el ocaso o por delante, durante el amanecer. ¿La causa? que la órbita de Venus está situada entre el Sol y la Tierra. Así, al estar más cerca del Sol que nuestro planeta, si queremos observarlo tenemos que dirigir la mirada hacia el entorno de nuestra estrella.

Venus recibe su nombre en honor a la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad. Es todo él un planeta muy femenino dado que todos (menos uno) los accidentes geográficos de su superficie rocosa reciben nombre de mujeres históricas o míticas.

Pero lejos de hacer honor a su nombre, que relacionamos con el paradigma ideal de la belleza femenina y símbolo de la atracción sexual, este planeta presenta un ambiente hostil: la temperatura roza los 500 grados debido a un potente efecto invernadero, sus nubes están compuestas por ácido sulfúrico y dióxido de azufre. La presión en su superficie alcanza las 90 atmósferas terrestres, similar a la que notaríamos si estuviésemos a 900 metros bajo el mar. Los huracanes más violentos de la Tierra son insignificantes comparados con los que se dan en las capas altas de la atmósfera venusiana (más correctamente “venérea”), sin embargo, en las capas inferiores el aire es tan denso que casi no se movería ni una leve brisa.

Y un elemento más que lo hace singular… gira al revés. Todos los planetas lo hacen de Oeste a Este. Venus lo hace en sentido contrario por lo que, si nos encontráramos en su superficie, veríamos el Sol salir por el Oeste y ponerse por el Este durante el día venusiano que dura, por cierto, 8 meses.

Obsérvelo durante estas noches de invierno, alto sobre el horizonte Oeste, al atardecer, luminoso como ningún astro de la noche, tan hermoso en nuestro cielo y a la vez tan imposible para el ser humano. Venus.

Júpiter, el señor de los vientos

¿Se ha fijado en dos astros muy brillantes al atardecer que lucen hacia el Oeste bastante juntos? Son Júpiter y Venus. Durante estos días de final de noviembre y principios de diciembre podemos contemplarlos poniéndose por el horizonte, siguiendo al Sol. Este mes hablaremos de Júpiter, ya que no lo veremos de nuevo hasta el próximo agosto.

Júpiter es el mayor planeta del Sistema Solar. Su masa es dos veces y media la de todos los demás planetas juntos y dentro cabrían 1320 planetas como la Tierra. Su temperatura media es de -108ºC.

Este gigante posee un pequeño núcleo sólido mezcla de varios elementos bajo una inmensa bola de hidrógeno líquido y todo ello rodeado de gas hidrógeno y helio.

El año en Júpiter dura 12 años terrestres y un día en Júpiter dura menos de 10h. Está permanentemente cubierto de nubes formadas por compuestos de amoníaco, que se organizan en bandas de diferente latitud debido a la rápida rotación del planeta. Éstas se subdividen en zonas claras y cinturones más oscuros, cuya mutua interacción produce turbulencias y tormentas. Son comunes los vientos de más de 300 km/h en estas zonas, que además cambian ligeramente de color, anchura e intensidad de año a año.

Quizás la más famosa característica del planeta sea la “gran mancha roja”, que consiste en una tormenta anticiclónica que perdura desde hace varios siglos y podría ser permanente dada su estabilidad. Rota en sentido antihorario, en un período de unos seis días y su tamaño es tan grande como el de tres planetas como la Tierra.

Con al menos 63 satélites, Júpiter es como un sistema solar en miniatura. Aunque muchos de ellos tienen menos de 10 km y son posiblemente asteroides capturados, cuatro de sus lunas destacan sobre las demás: los satélites galileanos. Éstos son Ío, el cuerpo más volcánico del sistema solar, con constantes erupciones de azufre; Europa, cubierta de hielo y con un océano de agua bajo su superficie; Ganímedes, la luna joviana más grande, mayor incluso que Mercurio; y Calisto, uno de los cuerpos con más cráteres conocido. Estas dos últimas lunas también podrían contener océanos de agua salada en su interior.

Júpiter también posee un tenue sistema de anillos y un campo magnético 14 veces más fuerte que el terrestre. Si pudiera verse desde la Tierra, ocuparía un tamaño en el cielo equivalente al de la Luna llena. Al igual que en la Tierra, el viento solar al chocar con la magnetosfera de Júpiter provoca auroras en los polos del planeta.

La Luna

Es el cuerpo celeste más próximo a La Tierra. Al contrario que otros planetas del sistema solar como por ejemplo Júpiter que tiene 62, nosotros solo tenemos un satélite natural. Además nuestra Luna es la más grande en comparación al planeta al que órbita ya que tiene un tamaño de casi un tercio del de La Tierra, su extensión es como la de todo el continente americano. Esto y su baja densidad hace que en la Luna la fuerza de la gravedad sea 6 veces mas débil que la de La Tierra, por lo tanto en la superficie lunar nuestro peso sería 6 veces menor.

De ella nos separan una media de 384.400 km. A pesar de esta distancia, la fuerza de la gravedad que ejerce sobre La Tierra provoca las mareas, y es la causante de que el eje de rotación de La Tierra tenga siempre la misma inclinación y esto a su vez repercute sobre el clima en La Tierra por lo que posiblemente sin ella no hubiese surgido la vida en nuestro planeta tal y como hoy la conocemos.

Cuando nació la Luna los días en La Tierra eran de tan solo 15 horas y la Luna desde nuestro planeta se veía mucho más grande debido a que estaba mas cerca. Desde su formación se ha ido alejando cada vez más de nosotros a razón de 3cm por año. En la actualidad el tamaño aparente de la Luna desde nuestras casas es igual al del Sol por eso tenemos eclipse totales de Sol.

Se cree que la Luna se formó hace 4500 millones de años producto de la colisión entre La Tierra y un antiguo planeta situado entre La Tierra y Marte que los científicos llaman Orfeo. Este planeta pasaba en algún punto de su órbita alrededor del Sol muy cerca de La Tierra y terminó chocando con ella. En esta colisión la mayor parte de La Tierra y Orfeo se fundieron en un único cuerpo y algunos restos de material salieron disparados al espacio quedando en órbita alrededor de la nueva Tierra formando un anillo de escombros como el de Saturno. Posteriormente este material fue agrupándose para formar la luna.
Simulaciones por ordenador sobre este cataclismo, similitudes y diferencias en la composición de la Luna y La Tierra y otras características apoyan esta teoría, y teniendo en cuenta que este tipo de accidente fue común en los principios de la formación del sistema solar, se admite como la teoría mas aceptada hoy en día.

La superficie lunar está compuesta por rocas y polvo de minerales similares a los de la superficie terrestre, pero carece de agua y no es capaz de sostener una atmósfera debido a su débil fuerza de gravedad. Está plagada de cráteres que forman cordilleras y pequeños valles, la mayoría de una antigüedad de 4500 a 3800 millones de años y de un tamaño de centímetros hasta varias centenas de km, provocados por el incesante bombardeo de otros cuerpos menores. Los impactos más potentes formaron gigantescos cráteres que hicieron manar lava del interior lunar y al enfriarse formó unas llanuras que hoy llamamos “mares”. Hoy en día este bombardeo, aunque muchísimo menor, continua, y astrónomos profesionales y amateurs llegan a observarlos desde La Tierra.
El cielo en la luna es de un negro terciopelo al no existir aire y esto provoca que las sombras proyectadas en su superficie, como por ejemplo la de un astronauta paseando por ella o el interior de algun cráter, sean más negras que en La Tierra y totalmente oscuras al no existir aire que disperse la luz solar.

Un día en la Luna dura algo mas de 27 días terrestres, el mismo tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de La Tierra. El que tarde el mismo tiempo en dar una vuelta sobre si misma que en dar una vuelta a La Tierra es la causa de que siempre nos muestre la misma cara. La temperatura por el día en la Luna es de 130ºC y por la noche -150ºC.

Dependiendo de como sea la alineación sol-tierra-luna, la superficie lunar desde La Tierra se ve iluminada de distinta manera. Si los tres astros están alineados formando una recta de esta forma sol-luna-tierra, no veremos la superficie lunar iluminada, a esto se llama luna nueva. Si la alineación sol-tierra-luna forma un ángulo recto veremos la mitad de la superficie lunar iluminada y la otra mitad sin iluminar, a esto se le llama cuarto menguante y cuarto creciente. Si la alineación es la siguiente, sol-tierra-luna, veremos la luna totalmente iluminada, esto es luna llena. A todo esto se le llama ciclo lunar.
Hay veces que cuando La Tierra está en medio del Sol y la Luna, la Luna pasa justo por la sombra que proyecta nuestro planeta, provocando que por unas pocas horas parte o la totalidad de la Luna quede sin iluminar. A esto lo llamamos eclipse de luna. Cuando la Luna se interpone entre nosotros y el Sol tapándolo total o parcialmente se produce
n los eclipse de sol. El plano de la órbita terrestre (camino que recorre nuestro planeta por el espacio) y el plano de la órbita lunar no coinciden, ya que tienen cierta inclinación el uno del otro, es por eso que no tenemos eclipses todos los ciclos lunares.El hombre siempre ha soñado con viajar a la Luna pero no fue hasta Julio de 1969 cuando después de un viaje de 3 días se puso un pie en su superficie. Seis misiones han sido las que han alunizado llevando 12 hombres en total a pasear, realizar experimentos y recoger muestras de polvo y roca lunar que posteriormente han sido analizadas y estudiadas por científicos de todo el mundo.

Nuestro satélite es el objetivo de futuras misiones espaciales, e incluso la NASA se ha atrevido a ponerle fecha para hacer que un hombre vuelva a pisarla, 2020. Se pretende crear una estación permanente allí y explorarla para buscar posible agua congelada en el interior de los cráteres del polo norte lunar, donde nunca llega la luz del Sol. De encontrarse agua en la Luna, esta valdría tres veces su peso en oro, y descomponiéndola en hidrógeno y oxigeno serviría de combustible para naves espaciales, y vital para la larga estancia de astronautas. Sin duda, es nuestro primer paso en la conquista del sistema solar.

Planetas extrasolares

¿Existen planetas alrededor de otras estrellas? Esta pregunta permaneció sin respuesta hasta hace apenas unos años. En 1995, se descubrió el primer planeta extrasolar alrededor de una estrella de secuencia principal: 51 Pegasi. Pero éste no fue observado directamente, ya que desde la distancia a la que nos encontramos, está tan cerca de su estrella y brilla tan poco que la luz de ésta lo oculta completamente. Sin embargo, se puede observar cómo la gravedad de uno afecta al otro: al igual que un lanzador de martillo cuando da vueltas, la estrella describe un pequeño movimiento circular, girando los dos alrededor de un punto intermedio, más cercano al que más masa posee. Si la estrella en su bamboleo se acerca y aleja repetidamente de la Tierra, su luz al descomponerla en colores se desplazará hacia el azul y hacia el rojo respectivamente, siguiendo un ciclo (como cuando una sirena es más aguda al acercarse y más grave al alejarse). Así es como se detectan actualmente la mayor parte de planetas extrasolares. Otro método, para estrellas más cercanas, consiste en observar directamente el movimiento de la estrella en el cielo al oscilar, o si el planeta pasa justo entre la estrella y nosotros, puede detectarse la disminución de la luz de ésta durante el tránsito (eclipse). Un método más moderno mide el efecto de lente que produce la gravedad del planeta y la estrella en la luz de otra situada justo detrás cuando los tres se alinean. También es posible localizarlos en discos de polvo alrededor de estrellas jóvenes, cuando estos planetas aún ese están formando.

Los primeros planetas descubiertos sorprendieron a los científicos: eran gigantes gaseosos que orbitaban  sus estrellas a distancias muy pequeñas, y tardaban pocos días en completar el recorrido, haciendo poco probable la existencia de vida en ellos. ¿Era nuestro Sistema Solar una rareza? Conforme fueron mejorando las técnicas se vio que no. Los planetas descubiertos son los que mayores perturbaciones provocaban en su estrella, y por tanto los más fáciles de detectar.

Con la mejora de resolución se han descubierto sistemas múltiples, así como de cuerpos cada vez más pequeños, llegando a poseer unas pocas veces la masa de la Tierra (las llamadas súper Tierras). Ya se han descubierto más de 300 planetas extrasolares. Se espera que con nuevas misiones espaciales, o con la construcción de gigantescos telescopios terrestres ya en proyecto, se puedan descubrir planetas como el nuestro, y tal vez candidatos a soportar vida.

Planetas II

El mes pasado hablábamos de qué era un planeta, y para hacernos la idea de las distancias que los separan unos de otros, los colocamos a todos repartidos por un campo de fútbol, con distancias a escala. Los más próximos al Sol eran Mercurio, Venus, La Tierra y Marte, y todos ellos quedaban dentro del círculo central del campo de fútbol y muy próximos al punto central. A este grupo de planetas se les llama planetas rocosos porque tienen una superficie sólida.

Después de estos planetas rocosos y más alejados del Sol hay otro grupo de planetas, los gigantes gaseosos, que no poseen una superficie sólida.

Júpiter es el más grande de los planetas que orbitan al Sol, se encuentra a 630 millones de km de nosotros, se situaría casi fuera del círculo central del campo de fútbol. Es una bola gigante de gas en la que dentro cabrían mil planetas Tierra. Está compuesto por hidrógeno y helio, y si fuera un poco más grande se hubiese “encendido” convirtiéndose en una estrella, más pequeña que el Sol, y por lo tanto tendríamos hoy dos soles.

Saturno es más bonito de ver con un telescopio, está fuera ya del círculo central del campo de fútbol a 1300 millones de km, tiene unos anillos formados por trozos de escombros tan grandes como un coche o una casa, posiblemente restos de la colisión de antiguas lunas.

Urano está a 2700 millones de km, casi dentro del área grande de la portería, una bola perfectamente lisa sin detalles en su superficie de un color azul verdoso que parece irreal en el negro fondo del espacio. Es el único planeta cuyo eje de rotación está totalmente horizontal, por lo tanto la mitad de su año es de día en el hemisferio norte y de noche en el sur, y la otra mitad del año viceversa. Urano también tiene anillos pero mucho más finos y oscuros que Saturno y apenas son visibles, y tiene muchas lunas que giran rapidísimo a su alrededor a lo loco y que podrían colisionar entre si y convertirse en nuevos anillos para Urano de aquí a pocos millones de años.

Neptuno, el objeto más alejado del Sol al que podemos llamarle planeta. Está en el punto de penalti, a 4300 millones de km de nuestra casa. Es una bola azul en la que aparecen y desaparecen sin previo aviso zonas oscuras en su atmósfera, tormentas del tamaño de nuestro planeta Tierra.

Planetas I

¿Qué es un planeta? Para que un cuerpo celeste se le pueda llamar planeta debe cumplir tres requisitos:
1. dar vueltas (orbitar) alrededor del Sol.
2. tener forma esférica.
3. haber limpiado su orbita de otros cuerpos mas pequeños. Es decir, que el camino por el que se desplaza alrededor del Sol no puede estar ocupado por ningún otro cuerpo celeste.

Este último punto de la definición de planeta fue el que hizo que a Plutón se le quitara la categoría de planeta. Plutón se desplaza alrededor del Sol por un camino plagado de asteroides, incluso casi invade el camino de otro planeta, Neptuno.

El Sol tiene 8 planetas girando a su alrededor: Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. A este conjunto se le llama Sistema Solar y se formó hace 4.600 Millones de años a partir de un disco gigantesco de gas y polvo. El Sol quedó en el centro y los planetas girando alrededor de él.

Para hacernos una idea más familiar del tamaño de estos planetas y las distancias que los separan, vamos a reducir el gigantesco Sistema Solar a escala de un campo de fútbol. En el punto central del campo estaría el Sol y tendría el tamaño de un garbanzo, el resto de planetas estarían repartidos por el resto del campo y tendrían el tamaño una cabeza de alfiler.

Mercurio, es el más próximo al Sol. Más alejados del Sol y en este orden están Venus, La Tierra y Marte. Todos ellos estarían dentro del circulo central del campo de fútbol y muy próximos al punto central. A este grupo de planetas se les llama también “planetas rocosos” por poseer una superficie sólida.

Venus, el mas cercano a nosotros, a más de 40 millones de km., es el objeto más brillante en el cielo después de la Luna y, junto a Mercurio, se puede ver como un punto luminoso justo antes del amanecer o al anochecer.

La Tierra a 150 millones de Kms del Sol, es el tercer planeta rocoso.

Marte, el segundo planeta mas cercano a La Tierra a casi 80 millones de km., es el más parecido a ella, y estos meses es observable en el cielo como un punto no muy luminoso pero si con un característico tono rojizo.

El mes que viene continuaremos con la segunda entrega “planetaria” Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, “gigantes gaseosos” y veremos el lugar que ocupan en nuestro “campo de fútbol”