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Taller de introducción al uso del Planisferio.

La tecnología ha avanzado una barbaridad en los últimos años. Ha conseguido facilitarnos la vida en muchos aspectos y por supuesto también nos ayuda en la astronomía. Star Walk, google Sky, Redshift, Stellarium, son algunos de los programas que nos facilitan la tarea de observar el cielo (y ahora más con los móviles).

Pero hay un elemento un poco más antiguo que siempre está bien tener cerca por si tus cachivaches electrónicos se quedan sin batería, o por qué no, para combinarlos y pasar un buen rato.

 

Ahora, la primera toma de contacto con un planisferio puede ser un poco traumática. “¿por qué cuando apunto al norte el este no está en el sitio correcto?” “¿Qué es esto de la rueda?” “¿Como hago para que este correcto?” y una vez crees tenerlo bien… “¿por qué no veo en el cielo lo que veo en el planisferio?”

Planisferio celeste

Pues para que esto no te pase, este domingo 12 de agosto os enseñaré a buscar objetos celestes por vosotros mismos usando ese disco parecido a un frisbe.
David.

La observación más fría del año

Y con el mercurio marcando bajo cero, el CIDAM se atrevió a investigar los cielos en su lugar habitual de observación en el que, por cierto, contamos con una maravillosa visibilidad de la bóveda celeste. Una de las noches más limpias que recuerdo.

Entre los objetivos de nuestros telescopios se encontraban objetos como M42M1M51M41, M47…, los planetas Venus, mostrándose en fase menguante, Júpiter, en el que distinguimos sus cinturones de nubes y sus cuatro mayores lunas (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto), o Marte, en el que algunos afortunados pudieron distinguir el casquete polar. A continuación pasamos a describir algunas nebulosas y galaxias de las que disfrutamos en la salidas. Esperamos que os sea de ayuda.

M42

M42 al sur del cinturón, entre el grupo de estrellas inferior.

M42, la Nebulosa de Orión se sitúa en la constelación de Orión, al sur del cinturón de Orión. Es una de las nebulosas más brillantes que existen, y por tanto, una de las pocas identificables a simple vista con una magnitud 4 en el cielo nocturno. Esto se debe a que está situada “delante” de una estrella múltiple, sigma-Orionis, aparte de ser iluminada por las estrellas jóvenes del cúmulo abierto del Trapecio. Os invitamos a que identifiquéis M42, ya que con unos prismáticos simples puede verse una mancha difusa bastante identificable.

M42 o Gran Nebulosa de Orión.

Se distancia de la Tierra alrededor de 1500-1600 años luz y comprende una extensión de 24 años luz, en los que engloba la Nebulosa de De Mairan (M43) y la Nebulosa Cabeza de Caballo, además de un cúmulo abierto y cuatro estrellas principales, dos de ellas binarias (dobles).

 

 

M1

M1 cercana a la constelación de Tauro, al norte de la constelación de Orión.

También llamada Nebulosa del CangrejoM1 lo conforman restos de la explosión de una supernova allá por 1054, año en el que los habitantes de la Tierra distinguieron un fuerte luz en el firmamento incluso durante el día a lo largo de casi dos años. Se localiza en al norte de uno de los cuernos de la constelación de Tauro.

M1 contiene en su zona central un púlsar que gira a 30 revoluciones por segundo. El descubrimiento de esta nebulosa arrojó luz sobre la evidencia de que las estrellas de neutrones se producen por la explosión de supernovas.

Púlsar de la Nebulosa del Cangrejo. Imagen obtenida de la combinación de imágenes del Hubble (rojo) y el Telescopio Chandra en rayos X (azul). Fuente: Wikipedia.

M51

También conocida como la Galaxia Remolino, es una galaxia espiral en la constelación de los Perros de Caza (Canes Venatici). Se sitúa cerca de la primera estrella del mango de la Osa Mayor, a 3 grados al sur-sudoeste de Alkaid. Destaca por la belleza de su estructura espiral aparte de ser un magnífico ejemplo de interacción entre galaxias, donde M51 “desgarra” a NGC 5195, que se ve modificada por el tirón gravitatorio al igual que M51.

NGC 5195 (superior) y M51 (inferior).

Hasta aquí algunas de las constelaciones, nebulosas o galaxias que pudimos observar y las que os aconsejamos buscar en el cielo, porque están allí, esperándoos.

 

Alcor y Mizar, un sistema sextuple

Creo que todos hemos identificado alguna vez la Osa Mayor en la bóveda celeste aún cuando nuestros conocimientos dejaran mucho que desear. El Carro (Cucharón para los ingleses) que solemos localizar en nuestro firmamento es un asterismo (una figura que no se ha reconocido oficialmente) constituido por las estrellas más brillantes de la Osa Mayor que representan la cola de la osa. Se compone de siete estrellas principales: Alkaid, Mizar, Alioth, Megrez, Dubhe, Merak y Phecda.  La Osa Mayor es la constelación más fácil de identificar en el hemisferio Norte y permanece durante todo el año (circumpolar). Con unas nociones básicas partiendo de El Carro, podemos hallar la Estrella Polar fácilmente, muy útil cuando el GPS te indique que vayas al norte en una oscura noche (caso real el del GPS indicando al norte).

El Carro destacado en la Osa Mayor.

Mizar es  la segunda estrella empezando por el final de la cola. Si se tiene una buena vista y a modo de ejercicio de agudeza visual, se es capaz distinguir una pequeña acompañante al lado llamada Alcor. Mizar y Alcor están separadas unos 3 años luz de distancia, lo que equivale a unos 2,840184*10^13 km; si comparamos, la distancia de nuestro sol a la estrella más cercana (Alfa-Centauri) es de 4 años luz. Mizar y Alcor se mueven juntas y dentro del conjunto de la Osa Mayor. Esto se denomina sistema estelar binario y se produce cuando las dos estrellas se mantienen unidas por una fuerza gravitatoria y giran en torno a un centro común. Sin embargo, durante mucho tiempo se consideró que no era un auténtico sistema binario, sino una simple estrella doble hasta que en 2009 un estudio de Eric Mamajek corroboró la teoría. Ahora bien, el sistema Mizar-Alcor se considera sextuple, considerándose como binario la existencia de un complejo A  y otro B que forman Alcor, unidos al complejo cuádruple Mizar. Por tanto, tenemos 6 estrellas nada más y nada menos relacionadas por un campo gravitatorio común y en continuo movimiento a su vez en el grupo de la Osa Mayor. Según el estudio se sugirió que están a una distancia de 74000 +- 39000 unidades astronómicas (una UA es la distancia del Sol a la Tierra, unos 149.597.870 km), más cerca de lo pensado en un principio.

Mizar y Alcor, observable con una buena vista. La estrella superior es Sidus Ludoviciana.

Ahora ya sabréis que cuando miréis a esa segunda estrella del mango del Cucharón, en realidad serán dos, que en realidad serán seis.

Nombres de las estrellas

Seguramente, más de una vez nos habremos preguntado de dónde proceden los nombres de las estrellas.
La mayoría de los nombres, como Aldebarán, Deneb, Rigel, Betelgeuse, Algol, etc. proceden de los árabes, grandes conocedores de la astronomía. Pero también los griegos nombraron muchas estrellas, como por ejemplo Polaris, Arturo, Las Pléyades, Procyon, etc.
Muchos años después, y como la cantidad de estrellas era inmensa, los astrónomos pensaron en idear otro sistema para facilitar la identificación de todas las estrellas.

El astrónomo alemán Johannes Bayer, publicó en 1603 un atlas con mapas estelares donde constaban las estrellas de cada constelación, acompañadas de letras del alfabeto griego, seguidas del genitivo del nombre de la constelación a la que correspondía, en latín.
Johannes Bayer, las catalogó por orden de su brillo, dentro de cada constelación. Así pues, nombró “alfa” a la estrella con mas brillo, “beta” a la siguiente en brillo, “gamma” a la que le seguía y así de forma sucesiva. Pronto se dio cuenta de que esta nomenclatura le sería insuficiente, porque el alfabeto griego sólo dispone de 24 letras y por término medio, cada constelación se componía de unas 70 estrellas. No tuvo otra opción que complicar éste método, añadiendo letras minúsculas latinas a cada estrella.

Pero no pasaron muchos años, cuando tras la invención del telescopio, hacia 1609, quedó demostrada la existencia mucho mayor de estrellas y, lógicamente, entre la comunidad astronómica de la época, se volvió a plantear una nueva denominación estelar.
No tardó mucho en aparecer un nuevo catálogo, obra del astrónomo inglés John Flamsteed que con ayudade un telescopio, publicó su obra Historia Coelestis Britannica. Flamsteed cambió de sistema, y puso números en lugar de las letras griegas y latinas. A cada estrella, según el orden en que llegaba al meridiano, le asignó un número.

En la medida en que, actualmente, se ha perfeccionado la construcción de telescopios, han aparecido miles y millones de estrellas en cada constelación, por lo cual no solamente se distingue a las estrellas por su nombre, ni por sus letras y números, sino por sus coordenadas de AR (Ascensión Recta) y DEC (Declinación).
A pesar de ello, es bastante frecuente ver en planisferios y cartas celestes la denominación de las estrellas todavía usando las letras griegas, siguiendo el orden de su brillo.